



Este es un blog destinado a los artistas polifacéticos que quieran compartir su poesía, música, literatura y pintura.
“El cuadro y el poema ponen por fin
alguna hermosura en este mundo desagradable”.
Julio Cortázar
¿Quién no recuerda el olor de la caja de colores de los primeros útiles escolares y que de niños, armados de un pedazo de carbón o un crayón rayamos las paredes de la casa con el consiguiente cabreo de los viejos? ¿Quién sobre una hoja de papel o una servilleta no garabateo?
Año 1994, al igual que aquel niño de tiza y pizarra, empecé a pintar con acuarelas y pasteles por un desequilibrio afecto-hiperbólico-desamoroso dirían mis colegas Psicoanalistas.
De esos años datan algunas acuarelas que aún conservo, otras fueron obsequiadas a mis amigos poetas y guitarreros. Cuatro o cinco cuadros debidamente enmarcados (empezaba a soñar con exponer algún día) fueron hurtados por un amigo cazagringas (ojalá los haya vendido en buenos sucres de ese entonces) para irse con un amorío intercultural a las playas de Muisne.
Testigo de esos avatares es un tríptico de gran formato pintado al acrílico, encargo de Gladiz Merchán que fue colocado en el Guagua Huasi de la Tola, a donde iban en busca de un mendrugo de pan los hijos de los migrantes indígenas y campesinos que venían a trabajar en los mercados de Quito.
Con mi amigo Filósofo Fernando Ochoa, a quien conocí en mi etapa de estudiante de Psicología Clínica y que me dirigiera en el Grupo de Teatro de la Facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Quito, sosteníamos interminables conversaciones acerca de la Filosofía y el arte, de la estética del erotismo y la naturaleza, de lógica matemática etc., y empezó a gestarse la serie que más tarde se denominó “ Eros Vegetal”.
Por aquellos años, indagaba sobre la fiesta popular y sus personajes, la obra de pintores como Boticelli, Monet, Renoir, Vincent Van Gogh, etc., y me adentraba aún más en los misterios de la pintura, los colores y las texturas, animado por mis amigos pintores Luigui Stornaiolo, René Alejandro Gutiérrez, Juan Acosta, Victor Quillupangui entre otros, lo que dio origen a la serie “La Victoria de la Alegría”.
Podría afirmar que mi pintura proviene de mi oficio de escribir, pues el año 2000 conocí a Gonzalo Mendoza “Avispa”, uno de los mejores pintores y caricaturistas del Ecuador (ya fallecido) con quien junto con otros compañeros fundamos el periódico OPCIÓN. Con Avispa, éramos habitúes del café Amazonas o el Madrilón en el Centro Histórico de Quito. Allí solíamos acudir a comentar los sucesos políticos del paisito, pues él era quien hacía las ilustraciones del periódico y de mi columna: “Al trote del llamingo”, cuyos artículos fueron recopilados en un libro publicado en el 2006 bajo el título: “Agringados, longos, aniñados y gogoteros”.
Hablando de política, de la vida de los muralistas mexicanos como David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera, de Frida Kahlo y la fotógrafa Tina Modotti, de la función del arte y la revolución, coincidimos que el arte en todas sus manifestaciones debe servir como un móvil para la organización y la lucha popular por la liberación de los pueblos, así como la concepción de que el artista no es un elegido de los dioses sino un proletario mas.
Con el ánimo de mantener viva la historia colectiva, por aquello de que: “Los pueblos que no recuerdan su historia están condenados a repetirla” me propuse pintar los 30 años de corrupción en el Ecuador contemporáneo, desde el mal llamado retorno a la democracia hasta nuestros días. Una serie de gran formato y al óleo que se llamaría: “La larga y triste noche neoliberal”. Pintaría con ironía, sarcasmo y humor, con los colores celebrativos y festivos de mi tierra andina, con los nombres y apellidos de los atracadores de la Patria, sin dar tregua ni hacer ningún tipo de concesiones, a pesar de ciertos pintores sostenedores de este sistema capitalista que propugnan: “Cuando en el arte interviene la ideología, éste pierde su calidad estética”, y presentaría mi primera exposición en la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
Desde éstas páginas agradezco a mi amigo poeta Fabián Guerrero, al Lcdo. Carlos Yánez y a la Sra. Zelma Romo, personeros de la CCE por abrirme sus espacios. A mi madre Carmen Yanchapaxi por los pinceles, los óleos, las acuarelas y las cartulinas. A Susanne Spindler que hacía poesías con su cámara fotográfica y me enviaba óleos y pasteles desde Köln-Alemania. A mi hija Victoria Villarroel que me acompañó con sus primeros trazos en mi desaparecido taller de Sangolquí y en cuyo homenaje denominé “La Victoria de la Alegría” a mi primera exposición que se realizó del 15 al 20 de mayo del 2009. A mis compañeros del periódico OPCION en especial a su Director Ramiro Vinueza y a la Unión de Artistas Populares del Ecuador por el auspicio.
Gracias al pueblo ecuatoriano y latinoamericano por la alegría de nacer, crecer, luchar y crear en ésta bendita tierra a la que tanto amo. Reafirmo mi compromiso de seguir por los senderos insondables de la escritura y la pintura luchando por la reivindicación de los derechos de los pueblos.